Metaverso

 

En esta era de la deshumanización, somos avatares, fotos de perfil, actualizaciones y comentarios. El Antihumano del siglo XXI se construye a sí mismo mostrando al cybermundo solo aquella parte de sí que considera vendible de alguna manera, intentando encajar en el arquetipo con el que se sienta identificado, homogeneizando su imagen, su discurso, sus intereses, etc. de forma que se adapten a su cyberentorno, el cual se verá moldeado a su vez por dicha imagen, discurso, intereses, etc. en un proceso bidireccional de anulación de toda diferencia e individualidad. 

Los ciudadanos del Metaverso nos convertimos en productos consumibles, en caricaturas, en pobres marionetas en busca de una atención tan inútil como efímera.

Así, nuestra percepción de la realidad se distorsiona, pues el homogeneizado cybermundo en el que nos movemos, adaptado a nuestros gustos, opiniones e intereses, nos hace olvidar que existen otros mundos poblados por gustos, opiniones e intereses que nada tienen que ver con los nuestros.

El Metaverso, ese lugar virtual que podría ser empleado para la colaboración global, la unión y el entendimiento de la Humanidad, se nos presenta en cambio como un entorno tóxico que fomenta la superficialidad en el mejor de los casos o que se manifiesta si no en forma de una gigantesca guerra de egos que solo alimenta la división, el enfrentamiento, la alienación y la deshumanización. 

Todo sea por conseguir unos cuantos likes que cosquilleen nuestros receptores de dopamina.

 

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